domingo 8 de febrero de 2009

Marcos 1, 29-39.

Al llegar a Cafarnaún uno comprueba que la sinagoga y la casa de Pedro distan unos escasos cincuenta metros. Tal como dice el Evangelio. La escena adquiere, entonces, un cariz emocionante: Aquí estuvo Jesús, Es posible imaginar a la gente diciéndose unos a otros "Jesús está en la casa de Pedro" y todos le llevaban sus enfermos. Jesús no soporta los demonios antipersona, incompatibles con el plan de salvación de Dios. Pero Jesús no es un activista, todo lo que hace, lo hace desde Dios. San Marcos deja bien explícito que madrugó y se fue al descampado para orar. De lo contrario ¿cómo anunciar y hacer presente el Reino? ¿cómo hablar de Dios si no se le escucha en larga y fecunda intimidad?
Este es el epicentro de la vida de Jesús, le vemos en lo alto de la montaña, erguido sobre una roca frente a la muchedumbre, anhelante, proclamando el programa de Dios, seguro, certero pero previo a todo esto se va, se encierra en su aposento interior, cierra bien sus puertas para encontrarse con el Padre, que está en lo más secreto y se queda con Él.
Impresionan las insistencias de San Juan de la Cruz "Aprended a estaros vacíos de todas las cosas, es a saber interiores y exteriores y vereis como yo soy Dios"
Paz y Bien.

Bernardo da Quintavalle.