domingo, 24 de mayo de 2009

Subió a los Cielos



Hoy celebramos la Solemnidad de la Ascensión. Hoy recordamos cómo Jesús vuelve al Padre (Jn 13, 3). La Encarnación, la Vida Pública, la Pasión, Muerte y Resurrección culminan en este momento crucial, magnífico, en que Jesús vuelve al Seno de la Trinidad.


Se deja ver durante cuarenta días, después de resucitar. Se hace patente, tangible, visible, físico. Se hace Signo de la Vida Eterna, ahora que ya ha nacido, vivido y muerto como uno de nosotros. Desde su Resurrección, se hace patente que ya pertenece otra vez a la Vida Escondida de Dios. Ya no predica por los pueblos y los caminos. Ya no instituye Signos, no cura enfermos ni resucita muertos. Ahora se aparece a los suyos, en ocasiones determinadas, e instituyendo signos muy marcados, muy expresivos, muy concretos.


Su Vida Pública ha terminado desde el momento en que le crucifican. Ahora sólo se deja ver a unos cuantos, para que comprendan cuál es la Vida a la que les llama y, sobre todo, quién es Él: Dios e Hijo de Dios.


Pero aun no entenderan: la Ascensión parece que les acaba de descomponer. Se quedan mirando al cielo, esperando quizá un nuevo signo (como si la Ascensión no lo fuera ya), o sintiendo quizá dentro de si mismos cómo su Maestro les dejaba. De hecho, cuando baja el Espíritu, están reunidos, otra vez. No salen a predicar y a curar. No saben qué tienen que hacer, siguen desorientados, tratando de digerir y entender estos tres últimos años de sus vidas. Pero el Espíritu les abrirá la mente y el corazón.

domingo, 3 de mayo de 2009

La Vida.


















Juan 10, 11-18:





Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre.





"y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre". Éste es para mí el centro de este Evangelio de la Misa de hoy: que Jesús se da por Amor, que da su Vida al Padre, y que por el Espíritu la vuelve a recibir.





En la Cruz exhaló el espíritu, la tierra tembló y el velo del Templo se partió en dos: se había iniciado la Nueva Creación, la Vida y el Espíritu de Dios habitaban el mundo, y por eso el velo se partió, porque ya no era necesario un sancta sanctorum, una morada particular y especialísima de Dios en el Templo, accesible sólo para el Sumo Sacerdote: el Templo es ahora Cristo, y el Sumo Sacerdote es Él mismo, que se da a si mismo, y recibe de nuevo la Vida del Padre.





De ese Amor nos hace partícipes, y hoy podemos hacer memoria, en la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones: Cristo nos da la Vida, y nos llama a gozarla en Plenitud.