domingo, 24 de mayo de 2009

Subió a los Cielos



Hoy celebramos la Solemnidad de la Ascensión. Hoy recordamos cómo Jesús vuelve al Padre (Jn 13, 3). La Encarnación, la Vida Pública, la Pasión, Muerte y Resurrección culminan en este momento crucial, magnífico, en que Jesús vuelve al Seno de la Trinidad.


Se deja ver durante cuarenta días, después de resucitar. Se hace patente, tangible, visible, físico. Se hace Signo de la Vida Eterna, ahora que ya ha nacido, vivido y muerto como uno de nosotros. Desde su Resurrección, se hace patente que ya pertenece otra vez a la Vida Escondida de Dios. Ya no predica por los pueblos y los caminos. Ya no instituye Signos, no cura enfermos ni resucita muertos. Ahora se aparece a los suyos, en ocasiones determinadas, e instituyendo signos muy marcados, muy expresivos, muy concretos.


Su Vida Pública ha terminado desde el momento en que le crucifican. Ahora sólo se deja ver a unos cuantos, para que comprendan cuál es la Vida a la que les llama y, sobre todo, quién es Él: Dios e Hijo de Dios.


Pero aun no entenderan: la Ascensión parece que les acaba de descomponer. Se quedan mirando al cielo, esperando quizá un nuevo signo (como si la Ascensión no lo fuera ya), o sintiendo quizá dentro de si mismos cómo su Maestro les dejaba. De hecho, cuando baja el Espíritu, están reunidos, otra vez. No salen a predicar y a curar. No saben qué tienen que hacer, siguen desorientados, tratando de digerir y entender estos tres últimos años de sus vidas. Pero el Espíritu les abrirá la mente y el corazón.

domingo, 3 de mayo de 2009

La Vida.


















Juan 10, 11-18:





Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre.





"y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre". Éste es para mí el centro de este Evangelio de la Misa de hoy: que Jesús se da por Amor, que da su Vida al Padre, y que por el Espíritu la vuelve a recibir.





En la Cruz exhaló el espíritu, la tierra tembló y el velo del Templo se partió en dos: se había iniciado la Nueva Creación, la Vida y el Espíritu de Dios habitaban el mundo, y por eso el velo se partió, porque ya no era necesario un sancta sanctorum, una morada particular y especialísima de Dios en el Templo, accesible sólo para el Sumo Sacerdote: el Templo es ahora Cristo, y el Sumo Sacerdote es Él mismo, que se da a si mismo, y recibe de nuevo la Vida del Padre.





De ese Amor nos hace partícipes, y hoy podemos hacer memoria, en la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones: Cristo nos da la Vida, y nos llama a gozarla en Plenitud.

miércoles, 15 de abril de 2009

Su presencia llena la Tierra


El Domingo de Pascua celebramos la fiesta de la Resurrección, por la que Cristo sale del sepulcro y derrama la Vida Divina en la Tierra.


Esta explosión de vida y de Amor que la Pasión anticipó llega a su culminación "el primer día de la semana". Se hace visible al mundo el Amor Intratrinitario, el que el Padre da al Hijo y el Hijo da al Padre. Esta comunicación Divina que se dio en la Cruz es la que ahora se nos hace visible. Y Cristo, su presencia, su Aliento, llena la Tierra.


Y por eso, hasta la Ascensión, nos lo podemos encontrar en cualquier recodo, al doblar una esquina, al abrir una puerta o andar un camino, como los discípulos de Emaús que hundidos, desmoralizados y desmotivados vuelven a casa: todo ha terminado. Aquel hombre tan maravilloso, que tantos signos había establecido y que tan sabias y altas Palabras les había dirigido... había muerto, sin más, procesado y condenado por el Sanedrín, y ejecutado por Pilato.


Pero Jesús les sale al paso. No sólo no está muerto, sino que su presencia es palpable dondequiera que estemos o vayamos, cualesquiera que sea nuestro ánimo o nuestras esperanzas y desesperanzas. Aquel hombre que había sudado sangre en Getsemaní, y que había abrazado la Cruz, era ahora el Hombre-Hijo, en plenitud, a las claras, sin velos, reconocible en su porte y signo Eucarísticos.


Con el gesto de partir el pan les decía dos cosas: Yo-soy, en la Eucaristía; y así debe ser vuestra comunidad, así debéis ser los apóstoles: comunidad de Mesa.

miércoles, 1 de abril de 2009


Juan 8, 31-42: En aquel tiempo, Jesús dijo a los que habían creído en Él: “Si se mantienen fieles a mi palabra, serán verdaderos discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad os hará libres”. Ellos replicaron: “Somos hijos de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Serán libres?” Jesús les contestó: “Yo les aseguro que todo el que peca es un esclavo y el esclavo no se queda en la casa para siempre; el hijo sí se queda para siempre. Si el Hijo les da la libertad, serán realmente libres. Ya sé que son hijos de Abraham; sin embargo tratan de matarme, porque no aceptan mis palabras. Yo hablo de lo que he visto en casa de mi Padre: ustedes hacen lo que han oído en casa de su padre”. Ellos le respondieron: “Nuestro padre es Abraham”. Jesús les dijo: “Si fueran hijos de Abraham, harían las obras de Abraham. Pero tratan de matarme a mí, porque les he dicho la verdad que oí de dios. Eso no lo hizo Abraham. Ustedes hacen las obras de su padre”. Le respondieron: “Nosotros no somos hijos de la prostitución. No tenemos más padre que a Dios”. Jesús les dijo entonces: “Si Dios fuera su Padre me amarían a mí, porque yo salí de Dios y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino enviado por Él”.

Es significativo cómo empieza el texto: "a los que creyeron en Él". Y es que Jesús da un paso más, y deja claro que creer en Él no consiste en una mera adhesión intelectual, ni en seguirle en base a los milagros que haya realizado, como se sigue a un ídolo cualquiera.

No, se trata de ser fieles a su Palabra, es decir, fieles a Él, Palabra de Dios. Es escuchar la Voz del Padre, y dejarse seducir y cambiar por Él, libres de toda pretensión de autorrealización o autocomplacencia en una Ley que, por otra parte, ya no era suficiente, no respondía plenamente a las aspiraciones del corazón del hombre.

Y es esta Fidelidad la que lleva a conocer a Jesús, a estar con Él, a ser libres. Pero ¿libres de qué? se preguntaban, y nos preguntamos. Pues cada cual tiene la respuesta, porque cada cual sabe qué le ata y qué le impide crecer, es decir, en qué peca, en qué desoye la Voz del Hijo de Dios.


Ser hijo de Abraham no era sólo pertenecer a Israel, y tener una Alianza única con Dios, plasmada en unas leyes. Se trataba de vivir el Espíritu de esa Ley, amarla, porque Ella conducía al Amor a Dios y a los demás. Pero la Ley ya estaba muerta en el corazón del hombre. Por eso, Jesús se proclama a si mismo Palabra, porque quien habla ahora no son las tablas del Sinaí, sino Él, la Encarnación de Dios, Dios mismo. No hay más mediaciones, ni más prefiguraciones: es el momento del contacto real con el Dios Vivo.

domingo, 15 de marzo de 2009

Jesús templo del Espíritu Santo.

Las lecturas de estos Domingos nos han servido de catequesis preparatoria para la venida de la pascua, en la lectura del día de hoy Jesús nos anticipa la grandeza del Reino y el sentido moral de su vida, el gesto profético que hace Jesús en el templo de Jerusalén es una transgresión total de la ley, tocando el corazón de uno de los pilares de los judios.
La intencionalidad de Jesús con la expulsión de los mercaderes es transmitir su profundo amor al Padre, purificando el culto y la religión para dejar puramente la Gracia.
La verdadera reflexión de Crsito va más alla de los muros del templo, nos deja una sugerencia viva y liberadora: el verdadero templo de Dios soy yo, la morada del Espíritu por lo tanto de Dios entre los hombres soy Yo. La presencia de Dios entre los hombres soy Yo, si de veras queréis encontrar Dios, lo encontraréis en mí.
Esta es la verdadera doctrina de Jesús, ya no necesitamos ir a Jerualén, a Roma o a otros tantos sitios de carácter religioso para encontrar a Dios. Lo enconramos en Cristo y Él está en lo pequeño, en la Eucaristía y en otros templos que no son de piedra.
Paz y Bien.
Bernardo da Quintavalle.

jueves, 12 de marzo de 2009

Ni aunque se aparezca un muerto

La verdad es que la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro es muy rica en contenido y en enseñanzas. Pero lo que más me llama la atención es lo que le dice Abraham a Epulón: "no creerán ni aunque resucite un muerto".
Afirmación muy dura, puesto que echa por tierra cualquier visión o expectativa ilusoria de la vida espiritual, según la cual una manifestación sobrenatural pesa tanto o más que la fidelidad cotidiana, casi invisible, perceptible a duras penas. Y, además, es toda una Teología de la Gracia, puesto que muestra el verdadero dinamismo del Espíritu, no necesariamente sujeto u obligado a apariciones, milagrerías ni a grandes experiencias místicas.
"Tienen a Moisés y los Profetas". Es decir, la Ley y la voz de Dios, que constantemente recuerda la Alianza, y la renueva, abriendo nuevos horizontes de esperanza y sugiriendo nuevas formas de presentarse ante Dios y los hombres. Ambos, en mutua tensión y complementareidad, constituyen la esencia y la motivación de la vida espiritual del judío.
Por tanto, la voluntad de Dios había que buscarla en dos polos: la Alianza escrita en el Sinaí, por ser constituyente de su identidad como pueblo y norma de su conducta diaria, individual y colectivamente, y en segundo lugar los Profetas, reveladores de Dios, mediaciones de su Voz, agentes de su Palabra. De ahí se debía derivar, como de una fuente el agua, la espiritualidad judía, frente a Yahveh y frente al prójimo. A partir de aquí, buscar otra cosa era buscar fuera de los lugares de la Revelación.
Y Epulón pide un milagro, cuando Dios le ha otorgado signos clarividentes y suficientes, que él ya habría aceptado, al menos en un primer momento, pero vivió de espaldas a los mismos. Como bien ha dicho el sacerdote hoy en la homilía: "ni le vio". Estaba tan cerrado en su opulencia, que ya ni era capaz de percibir ni identificar la pobreza, la necesidad, la miseria. Se había cerrado a la Ley de Dios y no podía, en consecuencia, gozar de Dios en la eternidad.
Nosotros tenemos el Evangelio. ¿Qué más podemos pedir para convertirnos?

jueves, 26 de febrero de 2009

Rasgad los corazones, porque nuestro corazón es duro y viejo.

Ya se ha iniciado el tiempo de Cuaresma, empezamos a recorrer un camino de cuarenta días dedicado al ayuno, la oración y la limosna. Jesús les da un sentido nuevo a estas tres prácticas, tres fomas distintas de acercarnos y ponernos en presencia del Señor. Las tres deben brotar de un corazón limpio, honesto que quiere y ansía vivir sin doblez ante Dios y ante los demás. El tiempo litúrgico de cuaresma nos invita a que pongamos todo nuestro ser en manos del Señor para que el nos guíe en este largo recorrido que se culmina con la Ascensión y Resurrección "Dios lo levantó sobre todo y le otorgó el Nombre sobre todo nombre".
"Tú, cuando vayas a rezar entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre que está en lo escondido, y tu Padre que te ve en lo escondido te lo pagará"


Paz y Bien.

Bernardo da Quintavalle.

domingo, 15 de febrero de 2009

La Compasión de Jesús.

En el escenario del Evangelio de hoy nos encontramos la figura de un enfermo, ya sea física o espiritualmente, que busca ansiosamente ser salvado por Jesús y la respuesta de éste al ver como Jesús accede a su petición, a sabiendas de que la respuesta del enfermo no será la que jesús le dice que sea.
En la travesía de la vida la enfermedad es una de las más sensibles limitaciones. El abandono en el Señor es el remedio más eficaz, y quizá, el único que nos pueda librar de la tristeza que normalmente producen las enfermedades. La lucha contra la enfermedad y el abandono en Jesús se convierten en un certero y rotundo HÁGASE TU VOLUNTAD. En esta lectura el enfermo después de una larga busqueda se encuentra con Jesús y le suplica su sanación, Jesús se compadece, se conmueve, se mete en el otro, se siente "con" el otro, sufre y se pone en la piel del otro y por todo ello lo cura. El encuentro profundo y contemplador es eminentemente transformante, Jesús ha saciado enteramente al leproso con su Amor envolvente, lo ha purificado despojándolo y liberándolo de toda atadura para que pueda cumplir la voluntad del Padre sin reservas, como dice en la lectura "para que cumpla los ritos prescritos por la ley de Moisés", la respuesta del leproso ante el encuentro y la sanación es totalmente contraria a lo que Jesús le manda.
Así y todo, Jesús, sabiendo que el leproso no iba a cumplir con la voluntad del Padre, por su inmensa compasión y misericordia le cura de la dolencia que le atormentaba hasta el momento.
Su mesianismo es Compasión.
Paz y Bien.
Bernardo da Quintavalle.

lunes, 9 de febrero de 2009

Le reconocían

Me llama la atención lo que dice el Evangelio de hoy (Mc 6, 53-56): "apenas desembarcaron, le reconocieron enseguida". Hasta entonces, Jesús no había pisado ese territorio. Y es que, al igual que tantos enfermos que le reconocían, la gente lo identificaba, seguramente por el Espíritu, puesto que no tenían ninguna referencia visual, y por tanto no podían recordarle.

Al Hijo de Dios no le gustaban las muchedumbres, no quería ser el centro de atención ni, desde luego, ser coronado rey. Pero allá donde iba le acompañaban el Espíritu y el Padre (se habla a veces de la Encarnación de la Trinidad).

domingo, 8 de febrero de 2009

Marcos 1, 29-39.

Al llegar a Cafarnaún uno comprueba que la sinagoga y la casa de Pedro distan unos escasos cincuenta metros. Tal como dice el Evangelio. La escena adquiere, entonces, un cariz emocionante: Aquí estuvo Jesús, Es posible imaginar a la gente diciéndose unos a otros "Jesús está en la casa de Pedro" y todos le llevaban sus enfermos. Jesús no soporta los demonios antipersona, incompatibles con el plan de salvación de Dios. Pero Jesús no es un activista, todo lo que hace, lo hace desde Dios. San Marcos deja bien explícito que madrugó y se fue al descampado para orar. De lo contrario ¿cómo anunciar y hacer presente el Reino? ¿cómo hablar de Dios si no se le escucha en larga y fecunda intimidad?
Este es el epicentro de la vida de Jesús, le vemos en lo alto de la montaña, erguido sobre una roca frente a la muchedumbre, anhelante, proclamando el programa de Dios, seguro, certero pero previo a todo esto se va, se encierra en su aposento interior, cierra bien sus puertas para encontrarse con el Padre, que está en lo más secreto y se queda con Él.
Impresionan las insistencias de San Juan de la Cruz "Aprended a estaros vacíos de todas las cosas, es a saber interiores y exteriores y vereis como yo soy Dios"
Paz y Bien.

Bernardo da Quintavalle.

domingo, 18 de enero de 2009

La Hora Décima



Me gusta mucho el Evangelio de Juan, y creo que es muy difícil tratar de entender algunos de sus aspectos, sobre todo si Dios no te concede el don de poder captarlo en conjunto y en esencia.


Y la Lectura de hoy del Evangelio no es menos densa. Hay una frase que me llama mucho la atención, porque aparentemente no tendría mucho sentido: "era más o menos la hora décima". Muchas personas se han preguntado por qué Juan especifica la hora (serían como las cuatro de la tarde). La opinión que más se oye es que Juan recordó la hora por impactante, porque estaba enamorado... Eso está muy bien, pero Juan no estaba allí en ese momento, y tampoco tendría mucho sentido que lo reflejara aunque se lo hubieran dicho los protagonistas o testigos.


Sin embargo, sí hay un dato que da sentido al texto: Jesús se volvió (Jn 1, 38). Esta expresión indica que Jesús se les reveló, porque en aquel momento Felipe y Andrés le llaman Rabbí, Maestro, y quieren saber de dónde viene. Ya no le preguntan quién es, porque el Bautista se lo había dicho, pero sobre todo porque Jesús al volverse se lo revela. Se volvió no aparece hasta el capítulo 20, cuando María se vuelve y reconoce a Jesús: "Rabbuní". Es, por tanto, un movimiento de revelación, un instante de conocer quién es Jesús.


Por otra parte, Juan habla de la hora en pocas ocasiones (3) en su Evangelio, seguida de décima -aquí- y sexta (otras dos veces). De todas formas, el vocablo "hora" sí lo usa más veces, con el sentido de "momento", "instante". Y que diga que es la décima tiene su motivo en que ya "hemos contemplado su Gloria" (Jn 1, 14). Por tanto, la Luz ya ha venido, la hemos visto: ha amanecido. No se indica, pues, otra cosa que la Luz ya va cayendo, quedan pocas horas, y se va revelando. No será hasta el primer día de la semana (Jn 20) cuando amanezaca de nuevo, ya consumada, la Nueva Creación.

lunes, 12 de enero de 2009

Marcos 1, 14-20:

Después que Juan fue arrestado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres». Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él.
Jesús ha sido bautizado y empieza su Vida Pública, tras haber sido "empujado" a ella por el Espíritu. La visión de Marcos sobre la llamada a los discípulos es muy sencilla, y muy ilustrativa a la vez. Jesús pasa, ve y llama. Así lo sigue haciendo hoy, cuando llama a cada uno, a seguirle en la Vida Consagrada, o en el Sacerdocio, o en la vida seglar, o en el Matrimonio...
Jesús invita, no exige. Llama, no impone. Pasa a nuestro lado, tan suavemente que cuando nos lo encontramos es como si te pasara un fuerte viento por el alma: no puedes obviarlo, te atrae, te intima, te remueve por dentro - amorosamente -. Descubres nuevos valores, nuevas actitudes a tomar, nuevos interrogantes, nuevos estímulos...
No eres ya el mismo. Tanto si le sigues como si decides hacerte el sordo. Él te ha hablado al corazón, y eso marca de una vez por todas. No te obliga a caminar tras Él, pero su Espíritu quema, es inevitable. Tu pasado, lo que tú eres y has sido hasta el momento, empieza a trasnformarse, a perder importancia, en pro del nuevo Plan que Dios te propone, lleno de nuevos valores, opciones, aspiraciones, problemas, relaciones, temores, dudas...
No eres ya el mismo, porque aún siendo tú, tu "configuración" cambia por completo. Tu alma se enamora, ha sido impactada por una Voz suave y susurrante a la vez que firme y clara como el agua, que es capaz de arrebatarte y hacer que dejes lo que tienes: familia, posesiones, proyectos, ilusiones, esperanzas... para revestirte de otra familia, optar por no tener quizá más posesión que la Providencia, perseguir proyectos espirituales, tener ilusiones en la Vida Eterna, y esperar a que cada día su Presencia llene de Gozo, Paz y Dinamismo tu Vida.
Pace Bene.

jueves, 8 de enero de 2009

Jesús, el Ungido.

En aquel tiempo, Jesús, volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. Fue a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Y enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: "Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy". Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es éste el hijo de José?". (Lucas 4, 14-21).
He aquí una escena con la que Lucas quiere enfatizar el hecho de que Jesús es el cumplimiento de las esperanzas israelitas. Jesús aparece aquí como aquel sobre quien reposa el Espíritu del Señor, expresión que significa que Dios está con Él, ungiéndolo para una Misión de anuncio, proclama, liberación.
En la Biblia, el que era elegido rey por Yahveh debía ser ungido, como expresión de la permanente presencia del Espíritu de Dios. Y aquí Lucas otorga a Jesús un carácter regio, de persona escogida por Dios.
La misión hemos señalado que es triple: anuncio, proclama, liberación. Las dos primeras se orientan a la última. Se trata de librarse de la esclavitud del pecado y de la ceguera del que no ve la Gracia de Dios, nueva y actuante ya en Jesús.
Él es eschaton realizado, el Reino presente y operante. Vale para los judíos que aquel día le escucharon y para nosotros. Que sepamos oir su Palabra y no escandalizarnos cuando nos diga que se ha cumplido, que nos ha hablado al corazón.

sábado, 3 de enero de 2009

El Bautista, el anunciador


Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que Él sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre Él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo". Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios». (Jn 1, 29-34).




En el Evangelio de ayer, Juan daba testimonio ante el mundo de quién era él en cuanto Juan, y quién era él en relación a Jesús, el que bautizará con Espíritu Santo. Aquí, Juan da Testimonio y habla de Jesús, el Cordero de Dios. Es cono un díptico con el que el Evangelista da paso a Jesús, al que ha anunciado ya en su Prólogo como la Palabra que viene a este mundo para llenarlo de su pleroma - plenitud.




Juan lo conoce en virtud del Espírtitu, tal y como relata Lucas en la Visitación: el niño saltó de gozo en el vientre de Isabel. Es, por tanto, un conocimiento espiritual y profético por el que Juan da Testimonio. Serían parientes, seguramente, pero no se conocieron. Juan llevó una vida distinta a la de Jesús, porque distintas eran sus misiones en este mundo. Juan debía anunciar no que el Mesías vendrá, porque eso ya lo hicieron los profetas, sino anunciar que ya está aquí. Por tanto, Jesús entra en el mundo, cuando éste ya sabe de Él, y es cuando Andrés y Felipe le siguen, porque por el Bautista y por el Espíritu han sabido que Él es quien realizará y llevará a plenitud las Esperanzas y Promesas de Israel.

viernes, 2 de enero de 2009

Juan, la puerta

Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?» El confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo».
Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?» El dijo: «No lo soy». - «¿Eres tú el profeta?». Respondió: «No». Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?». Dijo él: «Yo soy la voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías». Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?».
Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia». Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.
He aquí el fin de la Historia Veterotestamentaria en cuanto tal, como Historia de un Pueblo que espera un Mesías, en un futuro más o menos lejano. Es el final de la espera en meras promesas, en una Ley, en un Pacto que ya no llena el corazón, porque Israel lo ha corrompido.
Juan es el que llama a los corazones dormidos para decirles que, como las vírgenes que Jesús más tarde enunciará, puedan entrar con el Esposo en la cámara, en el banquete, en el gozo eterno.