domingo, 15 de febrero de 2009

La Compasión de Jesús.

En el escenario del Evangelio de hoy nos encontramos la figura de un enfermo, ya sea física o espiritualmente, que busca ansiosamente ser salvado por Jesús y la respuesta de éste al ver como Jesús accede a su petición, a sabiendas de que la respuesta del enfermo no será la que jesús le dice que sea.
En la travesía de la vida la enfermedad es una de las más sensibles limitaciones. El abandono en el Señor es el remedio más eficaz, y quizá, el único que nos pueda librar de la tristeza que normalmente producen las enfermedades. La lucha contra la enfermedad y el abandono en Jesús se convierten en un certero y rotundo HÁGASE TU VOLUNTAD. En esta lectura el enfermo después de una larga busqueda se encuentra con Jesús y le suplica su sanación, Jesús se compadece, se conmueve, se mete en el otro, se siente "con" el otro, sufre y se pone en la piel del otro y por todo ello lo cura. El encuentro profundo y contemplador es eminentemente transformante, Jesús ha saciado enteramente al leproso con su Amor envolvente, lo ha purificado despojándolo y liberándolo de toda atadura para que pueda cumplir la voluntad del Padre sin reservas, como dice en la lectura "para que cumpla los ritos prescritos por la ley de Moisés", la respuesta del leproso ante el encuentro y la sanación es totalmente contraria a lo que Jesús le manda.
Así y todo, Jesús, sabiendo que el leproso no iba a cumplir con la voluntad del Padre, por su inmensa compasión y misericordia le cura de la dolencia que le atormentaba hasta el momento.
Su mesianismo es Compasión.
Paz y Bien.
Bernardo da Quintavalle.