sábado, 3 de enero de 2009

El Bautista, el anunciador


Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que Él sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre Él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo". Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios». (Jn 1, 29-34).




En el Evangelio de ayer, Juan daba testimonio ante el mundo de quién era él en cuanto Juan, y quién era él en relación a Jesús, el que bautizará con Espíritu Santo. Aquí, Juan da Testimonio y habla de Jesús, el Cordero de Dios. Es cono un díptico con el que el Evangelista da paso a Jesús, al que ha anunciado ya en su Prólogo como la Palabra que viene a este mundo para llenarlo de su pleroma - plenitud.




Juan lo conoce en virtud del Espírtitu, tal y como relata Lucas en la Visitación: el niño saltó de gozo en el vientre de Isabel. Es, por tanto, un conocimiento espiritual y profético por el que Juan da Testimonio. Serían parientes, seguramente, pero no se conocieron. Juan llevó una vida distinta a la de Jesús, porque distintas eran sus misiones en este mundo. Juan debía anunciar no que el Mesías vendrá, porque eso ya lo hicieron los profetas, sino anunciar que ya está aquí. Por tanto, Jesús entra en el mundo, cuando éste ya sabe de Él, y es cuando Andrés y Felipe le siguen, porque por el Bautista y por el Espíritu han sabido que Él es quien realizará y llevará a plenitud las Esperanzas y Promesas de Israel.