domingo, 15 de marzo de 2009

Jesús templo del Espíritu Santo.

Las lecturas de estos Domingos nos han servido de catequesis preparatoria para la venida de la pascua, en la lectura del día de hoy Jesús nos anticipa la grandeza del Reino y el sentido moral de su vida, el gesto profético que hace Jesús en el templo de Jerusalén es una transgresión total de la ley, tocando el corazón de uno de los pilares de los judios.
La intencionalidad de Jesús con la expulsión de los mercaderes es transmitir su profundo amor al Padre, purificando el culto y la religión para dejar puramente la Gracia.
La verdadera reflexión de Crsito va más alla de los muros del templo, nos deja una sugerencia viva y liberadora: el verdadero templo de Dios soy yo, la morada del Espíritu por lo tanto de Dios entre los hombres soy Yo. La presencia de Dios entre los hombres soy Yo, si de veras queréis encontrar Dios, lo encontraréis en mí.
Esta es la verdadera doctrina de Jesús, ya no necesitamos ir a Jerualén, a Roma o a otros tantos sitios de carácter religioso para encontrar a Dios. Lo enconramos en Cristo y Él está en lo pequeño, en la Eucaristía y en otros templos que no son de piedra.
Paz y Bien.
Bernardo da Quintavalle.

jueves, 12 de marzo de 2009

Ni aunque se aparezca un muerto

La verdad es que la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro es muy rica en contenido y en enseñanzas. Pero lo que más me llama la atención es lo que le dice Abraham a Epulón: "no creerán ni aunque resucite un muerto".
Afirmación muy dura, puesto que echa por tierra cualquier visión o expectativa ilusoria de la vida espiritual, según la cual una manifestación sobrenatural pesa tanto o más que la fidelidad cotidiana, casi invisible, perceptible a duras penas. Y, además, es toda una Teología de la Gracia, puesto que muestra el verdadero dinamismo del Espíritu, no necesariamente sujeto u obligado a apariciones, milagrerías ni a grandes experiencias místicas.
"Tienen a Moisés y los Profetas". Es decir, la Ley y la voz de Dios, que constantemente recuerda la Alianza, y la renueva, abriendo nuevos horizontes de esperanza y sugiriendo nuevas formas de presentarse ante Dios y los hombres. Ambos, en mutua tensión y complementareidad, constituyen la esencia y la motivación de la vida espiritual del judío.
Por tanto, la voluntad de Dios había que buscarla en dos polos: la Alianza escrita en el Sinaí, por ser constituyente de su identidad como pueblo y norma de su conducta diaria, individual y colectivamente, y en segundo lugar los Profetas, reveladores de Dios, mediaciones de su Voz, agentes de su Palabra. De ahí se debía derivar, como de una fuente el agua, la espiritualidad judía, frente a Yahveh y frente al prójimo. A partir de aquí, buscar otra cosa era buscar fuera de los lugares de la Revelación.
Y Epulón pide un milagro, cuando Dios le ha otorgado signos clarividentes y suficientes, que él ya habría aceptado, al menos en un primer momento, pero vivió de espaldas a los mismos. Como bien ha dicho el sacerdote hoy en la homilía: "ni le vio". Estaba tan cerrado en su opulencia, que ya ni era capaz de percibir ni identificar la pobreza, la necesidad, la miseria. Se había cerrado a la Ley de Dios y no podía, en consecuencia, gozar de Dios en la eternidad.
Nosotros tenemos el Evangelio. ¿Qué más podemos pedir para convertirnos?