Muy urgente es darse cuenta de qué es lo verdaderamente importante. Qué ilustradora resulta la escena en la que María escucha al Maestro, y sabe que se lleva la mejor parte. Cuán importante resulta ver que lo importante es estar con Él, buscar momentos para Él, caer en la cuenta de que sin Él todo lo demás se tambalea y la relatividad y superficialidad del mundo te estira, queriéndote llevar a su terreno.
Qué sabio era Francisco, y qué enamorado tenía que estar, cuando morando en Rivotorto no movió un dedo para ir a ver a Otto de Brunswick, que con toda su parafernalia pasaba por allá cerca camino de Roma para ser coronado emperador por el Papa. Él había descubierto lo importante, lo esencial, lo que valía de verdad la pena.
El Evangelio de hoy nos invita a la vigilancia, al estar atentos. No es una amenaza, ni una mera advertencia. Es una invitación a compartir con Él los momentos de nuestra vida, de buscarle de verdad, con el corazón abierto y dispuesto, puesto que vendrá. Ojalá sepamos buscarle para poder estar con Él en la intimidad del Cenáculo.

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