jueves, 26 de febrero de 2009

Rasgad los corazones, porque nuestro corazón es duro y viejo.

Ya se ha iniciado el tiempo de Cuaresma, empezamos a recorrer un camino de cuarenta días dedicado al ayuno, la oración y la limosna. Jesús les da un sentido nuevo a estas tres prácticas, tres fomas distintas de acercarnos y ponernos en presencia del Señor. Las tres deben brotar de un corazón limpio, honesto que quiere y ansía vivir sin doblez ante Dios y ante los demás. El tiempo litúrgico de cuaresma nos invita a que pongamos todo nuestro ser en manos del Señor para que el nos guíe en este largo recorrido que se culmina con la Ascensión y Resurrección "Dios lo levantó sobre todo y le otorgó el Nombre sobre todo nombre".
"Tú, cuando vayas a rezar entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre que está en lo escondido, y tu Padre que te ve en lo escondido te lo pagará"


Paz y Bien.

Bernardo da Quintavalle.

domingo, 15 de febrero de 2009

La Compasión de Jesús.

En el escenario del Evangelio de hoy nos encontramos la figura de un enfermo, ya sea física o espiritualmente, que busca ansiosamente ser salvado por Jesús y la respuesta de éste al ver como Jesús accede a su petición, a sabiendas de que la respuesta del enfermo no será la que jesús le dice que sea.
En la travesía de la vida la enfermedad es una de las más sensibles limitaciones. El abandono en el Señor es el remedio más eficaz, y quizá, el único que nos pueda librar de la tristeza que normalmente producen las enfermedades. La lucha contra la enfermedad y el abandono en Jesús se convierten en un certero y rotundo HÁGASE TU VOLUNTAD. En esta lectura el enfermo después de una larga busqueda se encuentra con Jesús y le suplica su sanación, Jesús se compadece, se conmueve, se mete en el otro, se siente "con" el otro, sufre y se pone en la piel del otro y por todo ello lo cura. El encuentro profundo y contemplador es eminentemente transformante, Jesús ha saciado enteramente al leproso con su Amor envolvente, lo ha purificado despojándolo y liberándolo de toda atadura para que pueda cumplir la voluntad del Padre sin reservas, como dice en la lectura "para que cumpla los ritos prescritos por la ley de Moisés", la respuesta del leproso ante el encuentro y la sanación es totalmente contraria a lo que Jesús le manda.
Así y todo, Jesús, sabiendo que el leproso no iba a cumplir con la voluntad del Padre, por su inmensa compasión y misericordia le cura de la dolencia que le atormentaba hasta el momento.
Su mesianismo es Compasión.
Paz y Bien.
Bernardo da Quintavalle.

lunes, 9 de febrero de 2009

Le reconocían

Me llama la atención lo que dice el Evangelio de hoy (Mc 6, 53-56): "apenas desembarcaron, le reconocieron enseguida". Hasta entonces, Jesús no había pisado ese territorio. Y es que, al igual que tantos enfermos que le reconocían, la gente lo identificaba, seguramente por el Espíritu, puesto que no tenían ninguna referencia visual, y por tanto no podían recordarle.

Al Hijo de Dios no le gustaban las muchedumbres, no quería ser el centro de atención ni, desde luego, ser coronado rey. Pero allá donde iba le acompañaban el Espíritu y el Padre (se habla a veces de la Encarnación de la Trinidad).

domingo, 8 de febrero de 2009

Marcos 1, 29-39.

Al llegar a Cafarnaún uno comprueba que la sinagoga y la casa de Pedro distan unos escasos cincuenta metros. Tal como dice el Evangelio. La escena adquiere, entonces, un cariz emocionante: Aquí estuvo Jesús, Es posible imaginar a la gente diciéndose unos a otros "Jesús está en la casa de Pedro" y todos le llevaban sus enfermos. Jesús no soporta los demonios antipersona, incompatibles con el plan de salvación de Dios. Pero Jesús no es un activista, todo lo que hace, lo hace desde Dios. San Marcos deja bien explícito que madrugó y se fue al descampado para orar. De lo contrario ¿cómo anunciar y hacer presente el Reino? ¿cómo hablar de Dios si no se le escucha en larga y fecunda intimidad?
Este es el epicentro de la vida de Jesús, le vemos en lo alto de la montaña, erguido sobre una roca frente a la muchedumbre, anhelante, proclamando el programa de Dios, seguro, certero pero previo a todo esto se va, se encierra en su aposento interior, cierra bien sus puertas para encontrarse con el Padre, que está en lo más secreto y se queda con Él.
Impresionan las insistencias de San Juan de la Cruz "Aprended a estaros vacíos de todas las cosas, es a saber interiores y exteriores y vereis como yo soy Dios"
Paz y Bien.

Bernardo da Quintavalle.