El Hijo de Dios vino cargado con la medicina del amor. Él mismo era esa medicina, el remedio que alivia del peso del pecado. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo para que se quedara con nosotros para enseñarnos a amar, a despojarnos de los apegos, a sepultar las tristezas y a perdonar a los enemigos. Jesús, aún estando la humanidad enferma y llena de egoismos, sigue naciendo cada día en nuestros corazones, sigue enseñandonos a amar para que nosotros participemos a nuestros hermanos lo que Él nos da y regala diariamente, por ende, nuestra vida como don de Dios debe dar frutos de amor. Jesús vino a sembrar vida donde había muerte, "para que tengan vida y vida en abundancia" debemos estar cerca y mantenernos fieles.
La vida y el amor van siempre unidos. El amor verdadero y no perecedero está cargado de energía que lo hace fecundo, por otra parte la vida consiste en amar. El que tiene vida vive en el amor y el amor es Dios.
Que el Señor os colme de Bendiciones en estas fechas tan señaladas.
Paz y Bien
Bernardo da Quintavalle.
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