lunes, 29 de diciembre de 2008

Esperanza cumplida

Cuando se cumplieron los días de la purificación de María, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel. Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.
Simeón aparece como uno de los últimos personajes del AT, y a su vez uno de los más afortunados. Digo del AT porque a diferencia de María y José, pone fin seguramente a su vida y a su historia, arraigada en la Espera Mesiánica. Sin embargo, José y María ya van purificando esta espera, en la medida que comprenden que Jesús es el Mesías, el esperado. En efecto, para ellos ya no cabe esperar (aunque aún no sean del todo conscientes), sino ir entendiendo y asimilando los Nuevos Tiempos, inaugurados con Jesús. Lo viejo ha pasado. La Promesa se ha realizado, solo que Israel no lo sabe, y tardará aún. Es más, cuando lo sepa, no lo aceptará del todo, porque habrá rechazo.
Y es que Israel se había forjado una idea del Mesías. Simeón no. Y cuando Jesús se manifestó, no supieron ver quién era, porque no cuadraba con sus expectativas. Nos pasa a todos, creo yo. Creemos que Dios debe actuar así o de esa otra manera, cuando resulta que Él es Libre, Eterno, Imprevisible y, sobre todo, Irreductible a nuestros esquemas.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Fuente de Amor.

El Hijo de Dios vino cargado con la medicina del amor. Él mismo era esa medicina, el remedio que alivia del peso del pecado. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo para que se quedara con nosotros para enseñarnos a amar, a despojarnos de los apegos, a sepultar las tristezas y a perdonar a los enemigos. Jesús, aún estando la humanidad enferma y llena de egoismos, sigue naciendo cada día en nuestros corazones, sigue enseñandonos a amar para que nosotros participemos a nuestros hermanos lo que Él nos da y regala diariamente, por ende, nuestra vida como don de Dios debe dar frutos de amor. Jesús vino a sembrar vida donde había muerte, "para que tengan vida y vida en abundancia" debemos estar cerca y mantenernos fieles.
La vida y el amor van siempre unidos. El amor verdadero y no perecedero está cargado de energía que lo hace fecundo, por otra parte la vida consiste en amar. El que tiene vida vive en el amor y el amor es Dios.
Que el Señor os colme de Bendiciones en estas fechas tan señaladas.
Paz y Bien
Bernardo da Quintavalle.

domingo, 21 de diciembre de 2008

Fe, mucha Fe.


En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo". Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el ángel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin". María dijo al Angel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no conozco varón?". El ángel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios". María dijo entonces: "He aquí la ESclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra". Y el ángel se alejó.


He aquí una escena conmovedora, que da paso a la Encarnación, como una puerta que se abre dejando pasar aire fresco.


Antes que nada, sin embargo, creo que habría que compararla con la escena en la que el ángel se aparece a Zacarías, y le dice que su mujer dará a luz. En esta ocasión, Zacarías duda, y el evangelista usa esta expresión: "En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en edad". Y María, por su parte, responde: "¿Cómo puede ser eso, si yo no conozco varón?". El primero no es que dude, es que se mantiene escéptico, pone "pegas": esterilidad, vejez... como si Dios no fuera capaz de superar ambas barreras naturales. María, en cambio, desea saber cómo sera eso, puesto que no conoce varón, pero tampoco piensa conocerlo (si no, la pregunta no tendría sentido, puesto que con casarse con José y llegarse a él habría sido suficiente). No, María no duda, pide cómo se llevará a cabo el Plan de Dios, porque ella no sabe cómo será, ya que natural y biológicamente resulta imposible.


Es la diferencia, y obtiene, desde luego, una respuesta mucho más confortante que quedarse muda.: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra". Dios mismo será su Esposo, su Amante, su Vida, su Todo. Quizá María no lo comprende al instante, pero sabe que es Elegida de Dios, y responde en fidelidad: "He aquí la ESclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra". Aquí ya reza a Dios (esta frase no se dirige al ángel, porque "tu Palabra" es de Dios), ya se consagra. Puede que sea una de las fórmulas más primitivas de Consagración.


María, Virgen Consagrada, es ejemplo para todos, porque no se reservó nada, dijo sí, a pesar de que seguramente dudó, temió, tembló... porque concebir a un niño concebido fuera de los esponsales o del matrimonio la conduciría a la muerte. Sin embargo, José la protege (después de que Dios lo convenza, desde luego) y la toma por mujer. Todos creerán que es hijo del carpintero de Nazaret. Pero la realidad es que el Rey de Reyes ya está entre nosotros.

domingo, 14 de diciembre de 2008

La Efusión del Espíritu.

Juan Bautista es un genio religioso encargado de preparar al pueblo para que recibieran al Mesías, lo anunció y lo presentó: Viene detrás de mí(...)- he aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Fue un despertador de conciencias, clamó contra el conformismo y la hipocresía, exigía la justicia y la caridad e introdujo el bautismo de conversión. Utilizaba la imagen de los caminos que hay que allanar y enderezar para facilitar la venida del Esperado.
Inició su misión hablando del más fuerte y el más alto, definiéndose a si mismo como un indigno, como el amigo y el servidor dando a conocer que el que viene es la Luz, la Palabra, es el Novio, es el Ungido por el Espíritu "Yo bautizo con agua pero Él bautiza con Espíritu y Fuego".
A Juan se le encomienda la misión de propagar el bautismo de conversión, en el desierto una voz gritaba: Convertíos y creed. Quería difundir el cambio, la renovación el rejuvenecimiento, en definitiva el volver a nacer. Un cambio de vida que se inicia en el bautismo, o sea, sepultarse en el agua con las impurezas y la vejez para salir del agua como niño recién nacido.
Hay que irradiar que el Reino de los Cielos está cerca: "El que está en Cristo es una nueva creación, pasó lo viejo y todo es nuevo" (2 Co 5, 17).
Paz y Bien.
Bernardo da Quintavalle.

lunes, 8 de diciembre de 2008

La Inmaculada Concepción de Sta Maria Virgen.

El ángel de la anunciación saludó a María con una palabra esperanzadora, Alégrate. Dios se acerca siempre a la criatura acompañado de la alegría, la esperanza, la bendición y la gracia, todo lo relacionado con Dios está impregnado de una inexplicable alegría, alegría que puede incluso entenderse con algo que parezca tan contrario como el sufrimiento, se puede sufrir y a un tiempo tener paz gozosa.
Todo el Evangelio de Jesucristo es un mensaje de Alegría, relacionado con la fe, la vida, la salud pero sin duda lo más transformadores son los mensajes de Perdón, como el paralítico que se fue a casa alabando a Dios, de la Palabra, para todos aquellos que la guardan y la profundizan, del Espíritu, al que a todos entusiasma y alegra cuando se alaba al Padre lleno de gozo en el Espíritu y de Vida Eterna "alegraos de que vuestros nombres estén escritos en el cielo"
El ángel saluda a María como la agraciada de Dios, la colmada de gracia hasta rebosar. Pero no debemos cosificar la gracia, como un liquido precioso recogido en el corazón de María. La gracia es la benevolencia divina, es la expresión material del mismo Dios, es un golpe que transforma y enamora hasta el punto de ungir sus entrañas hasta lo más profundo, es un impacto que transmite el aliento del Espíritu.
Podemos decir que María es fruto del beso de Dios, Dios besó a la materia y fue la vida, Dios besó a la humanidad y fue María.
Paz y Bien.
Bernando Da Quintavalle.

jueves, 4 de diciembre de 2008

No son los que me dicen: 'Señor, Señor', los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.
Con estas Palabras nos invita el Señor a la acción, a no dormirnos, a tomar en serio que Él vendrá, que está cerca, que lo encontraremos en un pesebre, de noche. Nos invita a pasar a la acción. Todos sabemos rezar, tener devociones, ir a Misa... Pero es mucho más difícil aplicarse, poner por obra su Palabra. Él lo hizo, se encarnó. ¿De verdad nos cuesta tanto?

martes, 2 de diciembre de 2008

Dichosos vosotros



En aquel momento, Jesús se llenó de gozo en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar». Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron».


El Evangelio de hoy nos trae a colación cuál es la actitud básica que debemos tener, la que es deseable, la que caracterizó a Francisco: la sencillez evangélica. EP 1 lo deja muy claro: a la letra, sin glosa. Así se debe vivir la Regla, expresión fiel del Evangelio. Francisco entendió muy bien lo que Dios le había pedido en aquella misa en la Porciúncula: Evangelio, sólo Evangelio. Era lo que Jesús pedía a Israel: aceptar a Dios y su Revelación tal como son, tal como se nos dan, sin pretender nada, sin poner trabas ideológicas, de erudición o de conocimientos que se pretende haber adquirido con antelación. Como decía Clara, Dios es, eso basta.